Jean Pierre Laffont. Un fotógrafo demasiado grande como para escribir de él una tarde finales de mayo principios de junio. Suenan los niños pre-piscina, la botella de té frío está al lado del ordenador, y los pájaros post-tarde me trinan en la ventana. Wtf. Laffont, no te mereces esto, pero te quiero destripar, ver tu luz, y saber por qué tu calle era tan atractiva y tan sucia y al mismo tiempo tan limpia de prejuicio. Intentaré acercarme a ti, a la velocidad del último disco de Forest Swords. No quiero hacerte daño. Será breve e indoloro.

Laffont. Argelino, con sede en Nueva York. Nace hace 82 años. Su infancia, estudios de instituto y universidad se quedan en las raíces de Marruecos, que culminan en 1955. Más tarde, realiza un Master de Fotografía  por la School of Arts et Metiers de Suiza, y se gradúa en la Academia de Infantería Militar en Argelia, siendo el encargado de la Prensa. Es aquí donde empieza a hacer sus escarceos fotográficos de ayudante de Sam Levin, entre otros. Le contratan en MGM de Roma, como fotógrafo especial de sets de cine, pero no es hasta 1965 cuando viaja a Estados Unidos que se da de bruces con su mayor pasión: el fotoperiodismo.

Laffont se casa con Eliane, y tienen a Sophie. Laffont y Eliane abren una oficina estadounidense para la agencia Gamma de fotografía de prensa. Cubre eventos, y eventazos, así como momentos clave históricos de la década de los setenta: movimiento pacifista, contra la guerra de Vietnam, disturbios raciales, movimiento gay y feminista.

Laffont, a lo largo y ancho de todo el planeta,  lleva a cabo entre los años setenta y ochenta  un ensayo brutal acerca del trabajo infantil, con el cual gana los más prestigiosos premios de fotoperiodismo.

 

Hay algo roto y puro en sus imágenes. Los niños, de la calle, sucios, pero limpios de todo. Niños negros, niños blancos, jugando con basura. Si te fijas un poco, la disposición de los elementos en su fotografía es siempre, en general, en líneas horizontales. Su composición es horizontal. Suele haber una predisposición a la horizontalidad, tanto como concepto (él se dispone al mismo nivel que lo que fotografía, se mimetiza, se tira al suelo, y se mancha las manos como que el que más), como en la teoría fotográfica (una línea horizontal formada con los elementos suele cortar la fotografía). En su mirada, suelen ser grupos de personas los que conforman su cuadro. Grupos de niños, de adultos, haciendo cosas, peleando cosas, avanzando en cosas. Grupos. Los colectivo bañan sus límites.

Laffont nos trae historias, historias de calle, de charcos, de lluvia, de niños pobres, de vicios, de trabajo. En los años ochenta, retrata los avances y retrocesos de la sociedad capitalista. Y lo vamos desgajando en su forma de mirar: la crisis agraria de Estados Unidos, los avances científicos, la economía mundial y todo lo que eso conlleva, los trabajos, el dinero sucio, el dinero menos sucio, el plástico de las TV dinner. En cierto modo, quizás a veces nos recuerda a ese Stephen Shore más americano de urbanización y menús de hostales de mala muerte, a ese Shore de hamburguesa rápida e inmediatez de la América más banal, casi aburrida dentro de su estallido de color.  Y nos recuerda también porque sin quererlo ligamos la publicación de Laffont Le paradis d’un photographe: Tumultueuse A,érique 1960 – 1990, con la serie de Stephen Shore plasmado en su libro American Surfaces. También podríamos relacionar un poco la temática narrativa, la composición y la forma de mirar casi de repente con Robert Frank y ‘sus americanos’, o con Garry Winogrand, pero esa es otra historia. Quizás Winogrand era más de reírse, de ocio, del desencanto feliz de una generación.

Laffont es más de blanco y negro, aunque también hizo grandes fotografías a color, pero pesa más el monocromo. Publicó en las mejores y mayores publicaciones internacionales. Y aquí lo tenemos. Grande, eterno. Aun vive. Y esperemos que, como Jonas Mekas, nos siga dando alegrías cada día.

 

El libro Le paradis d’un photographe : Tumultueuse Amérique 1960-1990 (o su versión en inglés, Photographer’s Paradise: Turbulent America 1960-1990) recoge una retrospectiva con algunos de los mejores trabajos del Jean-Pierre Laffont, en una edición cuidada al detalle que ganó varios premios a mejor fotolibro de los años 2014 y 2015. Un libro de gran formato que hará las delicias de los amantes de la fotografía contemporánea

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