Cada cierto tiempo vuelve a mi cabeza, como un mal sueño, dudas sobre si he de cambiar de equipo fotográfico. Influenciado por las campañas de publicidad de los grandes fabricantes, que cada poco tiempo nos presentan nuevos modelos llenos de miles de nuevas capacidades estratosféricas, uno llega a la conclusión que, seguramente, si adquiriese equipo nuevo se convertiría en un mejor fotógrafo.

Este pensamiento además está apuntalado por muchos profesionales que te comentan que siempre “hay que estar a la última”, no sé si guiados por la necesidad que en este negocio a veces hay de aparentar hacia el cliente, o no sé si convencidos que tener la última cámara es requisito imprescindible para continuar mejorando en tu calidad como fotógrafo. Yo, personalmente, no lo veo así. Y pese al esfuerzo que hacen marcas, tiendas, y el sistema económico basado en el consumo que nos rodea, porque cada poco me entre de nuevo el gusanillo de mirar y mirar cámaras nuevas, os voy a contar por qué sigo disparando con una cámara de hace 9 años.

En la imagen, dos sesiones de portada para Mondosonoro que he realizado con la cámara que se lanzó en enero de 2008. La foto de la derecha es de marzo de 2017

La cámara no hace al fotógrafo

Esta es la primera razón. La más simple, la más llana, y la más directa. Si, todos sabemos que Leica es una fábrica histórica cuyas cámaras han sido utilizadas por los fotógrafos históricos más relevantes, pero también es verdad que coger una Leica de los años 50 y tratar de compararla a nivel funcional con cualquier cámara de hoy en día es absurdo. Ojo, no hablo de la calidad de construcción o la calidad de sus ópticas, hablo de capacidades que nos han ido ofreciendo los avances tecnológicos aplicados a los cuerpos de todas las marcas como el disparo en ráfaga, el autofoco cada día más preciso en peores condiciones, los programas de disparo semi-automáticos dependiendo de la prioridad que demos en cada caso a velocidad o diafragma… Pero, por muchos avances, la cámara al final es simplemente una herramienta al servicio del fotógrafo, y por mucho que yo tenga una cámara moderna en comparación con las usadas por Cartier-Bresson o Capa, sus imágenes son históricas y las mías no.

Si algo funciona, no lo toques

Un sabio consejo popular. Si estamos a gusto con nuestra cámara, ¿para qué plantearse cambiar? Está claro que ese impulso consumista es muy difícil de controlar, y más si viene acompañado por la idea de mejora que mete en la cabeza la publicidad. Pero, al menos en mi caso que hago principalmente fotografía de retrato y fotografía de conciertos / eventos, todos los modelos de la marca que utilizo, tras un examen exhaustivo, no han demostrado ser sustitutos que mejoren significativamente mis condiciones para trabajar. Bueno, aquí estoy mintiendo un poco, pero ahora más adelante os cuento la mentira.

Si quieres invertir, hazlo en ópticas

Este consejo seguramente lo hayas escuchado mil veces, pero yo lo dejo aquí por si acaso. Cuando compras un cuerpo nuevo, estás haciendo una nefasta inversión a no ser que tengas clarísimo que vas a rentabilizar su compra casi de inmediato. Entiendo a aquellos fotógrafos que han de cambiar de cuerpo cada año o año y medio porque “queman” los cuerpos de tanto trabajo que le meten, pero si no eres de los que hace 500.000 fotos al año, comprar un cuerpo nuevo significa perder un tercio del valor cada año aproximadamente, además para no percibir en la mayoría de los casos un salto de calidad significativo en tus tomas. Sin embargo, con las ópticas no pasa esto. Por un lado, invertir en una buena óptica es sinónimo de abrir nuevas dimensiones en tu trabajo, tanto a nivel calidad, composición e incluso tipo de fotografía que podrás realizar, y por otro, el valor que pierden las ópticas con su uso es muchísimo más moderado, incluso en algunos casos siendo inexistente… ¡Hasta hay ópticas que valen más de segunda mano que cuando salieron nuevas!

Esta foto está realizada con mi vieja cámara junto a una de mis últimas adquisiciones. Fue esta lente de 85 milímetros de distancia focal, 1.8 f. Más contento imposible. 

No seas el conejillo de indias de los fabricantes

No sé si en todas las marcas sucede, pero en la que yo utilizo suele pasar que, si compras un cuerpo en el año que ha salido al mercado, vas a tener problemas de algún tipo. Parece que últimamente la carrera por tener cámaras nuevas ha llevado a los fabricantes a sacar modelos poco contrastados, en plazos demasiado cortos, y con problemas de calidad que hacen en muchas ocasiones las cámaras tengan que pasar por el servicio técnico de manera anticipada. Por esta razón, comprar una cámara “recién salida del horno” puede ser una apuesta peligrosa

Entiendo que puede llegar el punto en el que debas cambiar de cámara, o incluso el punto en el que te apetezca o sepas que un cambio de cámara va a ampliar tus capacidades como fotógrafo (que también se puede dar el caso para fotografía muy concreta), pero mi consejo en estos casos es que indagues en el mercado de segunda mano. Hay cientos de personas que compran una cámara esperando que les vaya a cambiar la vida y, al año o año y medio, se dan cuenta que ni necesitan esa cámara, ni hacen mejores fotos que antes, con lo que podrás sacar esa cámara que necesitas por la mitad de su valor original en la mayoría de los casos.

Estas son algunas de las razones por las que sigo disparando con una cámara de hace 9 años como es la Nikon D700. En mi opinión, y en la de muchos profesionales, esta cámara no ha tenido un sustituto real en las siguientes gamas de Nikon. Cierto es que este modelo le comió el terreno a su cámara bandera de la época, la D3, y en Nikon han debido reflexionar sobre esto para diversificar las capacidades y características de sus cámaras para que no entren en conflicto con las “tope gama”. Para mi la D800 y su siguiente modelo la D810, nunca fue una alternativa debido al ingente volumen de sus archivos raw de 36Mp. La D750 tiene una pinta estupenda, pero es un cuerpo pequeño y sin algunos de los diales y botones que considero vitales en mi forma de trabajar. Y la D500 se ha ido de nuevo al mundo aps-c en un cuerpo increíble, pero en un formato al que no pretendo regresar. Conclusión: mi D700 sigue yendo en la mochila para multitud de trabajos.

El compañero Paco García, con el que coincidí en la cobertura del pasado Download Festival en Madrid, me cede esta fotografía que ha realizado en ese mismo evento con una nikon D700 también… nada malo el resultado ¿verdad?

Ahora, os desvelo la mentirijilla: no sigo trabajando con la D700 a diario. En verdad la sustituí hace un año por una D4 de segunda mano, una cámara con más de 5 años ya en el mercado. Eso si, para trabajos de retrato, sigo empleando mi D700 debido a su menor peso si la utilizo sin el grip, cosa que normalmente hago en los retratos (no así en la foto de conciertos, en donde la d700 + grip pesan más que la D4)

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3 Comentarios

  1. […] podemos recuperar para la ocasión la reflexión del fotógrafo Mariano Regidor en su artículo ¿Por qué sigo disparando con una cámara de hace 9 años?: “la cámara al final es simplemente una herramienta al servicio del […]

  2. […] ¿Por qué sigo disparando con una cámara de hace 9 años? […]

  3. […] de primera calidad en la mayoría de las ocasiones. Igual que he comentado en algún artículo que para muchas disciplinas fotográficas el equipo no marca la diferencia, en la fotografía de conciertos, que puede definirse como fotografía de acción con poca luz, es […]

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