Indudablemente, en su origen la fotografía tuvo una vocación puramente documental: plasmar una realidad en un lugar y un momento determinados para conservar esa imagen como testimonio o recuerdo, y el fotógrafo era un simple testigo con la tarea de registrarla. Pero en cuanto comienza a extenderse y popularizarse su uso, inevitablemente empiezan a surgir diferentes miradas y puntos de vista, haciendo que cada fotógrafo nos muestre un mismo escenario desde una perspectiva y una distancia distintas, incluso con una intención diferente. El papel del fotógrafo pasa de ser el de un mero espectador que recoge imágenes al de un narrador que decide lo que cuenta y cómo lo cuenta, aportando información adicional, proporcionando una interpretación, dando rienda suelta a la creatividad, hasta llegar al punto donde lo principal no es la imagen en sí, sino lo que se quiere transmitir con ella. Prevalece el mensaje sobre el sujeto, que queda supeditado a un segundo plano, al servicio de ese mensaje, aunque para ello haya que alterar o manipular la realidad. Y si es necesario, se puede llegar a inventarla, a crearla de acuerdo al concepto o la idea que queremos transmitir.

Por supuesto, no todos los fotógrafos llegan a recorrer todo este largo y complejo camino. Algunos nunca van más allá de del mero formalismo que supone recoger imágenes sin más, y si bien la mayoría aportan al menos un punto de vista particular o alguna intencionalidad en su forma de mirar y captar la imagen, realmente no son muchos los que llegan al refinamiento de modificar significativamente la realidad de forma consciente y bien meditada, y muy pocos son capaces de crear esas realidades paralelas diseñadas a medida para sostener su discurso, siendo capaces de desarrollar un estilo propio, personal y reconocible.

Entre esos elegidos tendríamos a autores como Chema Madoz, capaz de haber completado todo ese proceso hasta alcanzar un dominio de la técnica que le permite usar la fotografía a su antojo como un lenguaje casi ilimitado con el que expresar las ideas que surgen en su cabeza. A partir de un concepto, de una percepción, Madoz se encierra como un artesano en su estudio – casi mejor podríamos decir en su laboratorio – para desarrollar la manera de plasmarlo y transmitirlo con los elementos mínimos e indispensables; buscando dualidades, contrastes y afinidades; mirando siempre más allá de lo evidente. Y por supuesto, pensando y cuidando con esmero la composición, el encuadre y la luz, manejando perfectamente ese blanco y negro que descontextualiza la imagen y la hace tan atemporal como universal.

 

Premio Nacional de Fotografía en el año 2000, ha ido construyendo su propio universo artístico al hilo de otros discursos ya creados o iniciados antes por otros fotógrafos, desarrollando una mirada y una manera de hacer que no deja de evolucionar ante nuevos retos y proyectos. Uno de los últimos, el encargo por parte de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson de protagonizar la quinta edición de su iniciativa Miradas de Asturias, donde cada año piden a un Premio Nacional de Fotografía que dé su visión de Asturias en una serie de imágenes expresamente realizadas para la ocasión.

Todos los invitados anteriores se fueron a recorrer Asturias para captar esa parte de su esencia que el viaje les iba ofreciendo y plasmar luego una visión global de ese recorrido por los paisajes, las gentes y los ambientes asturianos. A Chema no le hizo falta. Y lo tiene muy claro desde el título mismo de la muestra: El Viajero Inmóvil. Madoz nos da su visión de una Asturias conceptual pero no por ello menos real, recreando desde su laboratorio esa combinación de tradición y modernidad, de naturaleza y desarrollo industrial, de tierra y de mar, hermosos contrastes que definen perfectamente a Asturias sin necesidad de ir hasta allí para captarlos directamente.

Un fotógrafo con una increíble capacidad de imaginar y materializar, de conectar y sintetizar, de hacer tan simple lo impensable, y todo ello a menudo con una ironía y un sentido del humor que, pese a no ser buscados intencionadamente, hacen imposible no esbozar una sonrisa desde la más profunda admiración. Simplemente, un genio.

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