Muchas veces, menos es más. O, como vimos en el artículo ¿Por qué sigo disparando con una cámara de hace 9 años? del fotógrafo Mariano Regidor, la mayoría de las veces, para conseguir un gran resultado, nos sirve con los instrumentos que podamos tener a mano.

Este es el caso exacto que hay tras la impresionante imagen del fotógrafo italiano Alessandro Barteletti que realizó en un encargo para National Geographic, en concreto para un reportaje que ilustraría la historia del astronauta italiano de 60 años, Paolo Nespoli, primero en la historia que, llegado a esa edad, volverá a encaminarse a una misión espacial de seis meses fuera de nuestro planeta. La fotografía en cuestión es esta, que fue escogida para la portada de la publicación norteamericana

Si observamos la imagen, podemos ver que aproximadamente el el centro, en la parte superior de la imagen, hay un punto blanco de luz. No es ni más ni menos que la linterna de un iPhone, y fue la única iluminación que se utilizó para esta impresionante imágen que, rebotada en el interior del módulo de simulación a imagen de la Soyuz, crea esa iluminación tenue, contrastada y puntual que, en conjunción con la mirada perdida del retratado, nos hace pensar en lo inhóspito y solitario de la vida de un astronauta de camino a su destino en la estación espacial, un viaje de un hombre expuesto al frío infinito del vacío espacial.

Como cuenta Barteletti para dpreview, “llegué al Soyuz con mi Nikon D3 y una lente angular, preparado para fotografiar a Paolo cuando, de pronto, algo increíble sucedió: todas las luces se apagaron, todo era oscuro y, desde el exterior, empezaron a golpear la puerta diciéndome que solamente tenía un minuto para completar mi trabajo. No sabía qué hacer: era el lugar perfecto para tener LA FOTO, probablemente uno de los mejores de siempre. Fuera tenía algunos leds pero si tenía que salir del módulo, no me dejarían entrar de nuevo.

Es en esos momentos de estres y poco margen en donde el instinto más primario, ese aprendizaje que está enterrado en nuestro subconsciente pero que ha ido acumulándose con años de experiencia profesional, sale a jugar. Así, Barteletti, sin margen, con la foto de su vida delante de él pero sin la posibilidad de ver absolutamente nada, tiró del único recurso: la linterna de su iPhone colocada en los paneles detrás del astronauta. Y surgió la magia. Así, con una cámara de hace casi una década y con la iluminación de un teléfono móvil, el fotógrafo italiano consiguió una de esas fotografías que marcan una carrera entera.

 

 

Anterior Fotografía de estudio con smartphone gracias a este nuevo dispositivo
Siguiente Acercándonos a la fotografía Boudoir y sensual