Si amigos y compañeros amantes de la fotografía. El arte del autorretrato ha sido practicado por la humanidad desde los albores de nuestra especie, pero nunca de una manera tan compulsiva como desde que a alguien se le ocurrió añadir a un teléfono móvil una cámara fotográfica y una conexión a internet para compartir imágenes a tiempo real. Desde entonces, este ejercicio reflexivo sobre la propia imagen y la propia existencia del autor se ha modificado hasta llegar al selfie, una expresión del exhibicionista que llevamos dentro, o que ha sacado de dentro de nosotros las redes sociales.

Pero esta práctica empieza a ser enfermiza. No hay más que darse una vuelta por eventos de millennials para darse cuenta que las nuevas generaciones estan obsesionadas con la apariencia. Y no hablo de la apariencia física, la cosa ya va hasta el punto emocional. He visto con mis propios ojos como niños aburridísimos y con malas caras sacaban su móvil, apuntaban con su cámara al rostro, ponían una sonrisa de oreja a oreja, y después de tomar una radiante fotografía de si mismos, volvían a su mundo gris hasta el próximo estímulo-recompensa.

Lo que empezó como un hoax de internet (esas historias virales con apariencia de verdaderas que son en verdad bulos) a día de hoy ya es una realidad, y la Selfitis ya es considerada como un síntoma dentro de los trastornos de la personalidad tal y como apunta este estudio de dos psiquiatras

En el estudio podemos ver datos tan impactantes como que más del 40% de los 400 sujetos del estudio se realizan más de 5 selfies al día, y que al menos suben a las redes sociales 3 o más en un 25% de los casos. Según los autores, uno de cada cuatro sujetos del estudio padecería Selfitis crónica.

Una nueva prueba de los desórdenes relacionados con el uso de las tecnologías en las mismas fechas en que la OMS ha declarado la adicción a los videojuegos como un problema mental

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