El pasado viernes 9 de marzo estuvimos en Madridphotofest, una feria fotográfica orientada hacia la formación que nace de manos de los promotores del proyecto Workshopexperience. Antes de nada, en photodémica nos mueve principalmente el compromiso con nuestros lectores, compromiso que se basa en informar lo más objetivamente para que el propio lector decida en consecuencia. Así lo hemos hecho desde el principio y seguiremos haciéndolo siempre, pues si no nuestra función perdería foco.

Partiendo de esa base, lo primero hay que decir que la gente de Madridphotofest nos dio dos invitaciones completas de día para que dos de nuestros colaboradores, los fotógrafos Mariano Regidor y Javier Bragado, asistiesen a la jornada completa, sin restricción de ningún tipo.

Lo primero que entra por el ojo, y que posteriormente constataremos que en este caso la primera impresión no llevó a equívoco, son las instalaciones de la nueva base de operaciones de el citado portal de Workshops fotográficos, Workshopexperience. Un edificio antiguo en el número 182 de la calle Alcalá, a pocos pasos de las estaciones de metro de Ventas y Manuel Becerra, totalmente reformado y habilitado como área perfecta para impartir conocimientos fotográficos. Nada más llegar, nos atendió el encargado de prensa de manera ejemplar: nos explicó al detalle el objetivo del evento, que no es sino cubrir un espacio de festival formativo que actualmente Madrid no tiene, y suponemos que servir de herramienta de posicionamiento ante los asistentes de sus distintas propuestas durante el resto del año, nos dio material promocional del evento, la agenda, y un nos acompañó por el recinto para que pudiésemos ver las posibilidades del espacio. Repetimos: un sitio de lujo para exponer, dar charlas, conferencias, workshops… el sitio, un 10. Y la atención del personal del evento, de sobresaliente también.

Antes de asistir al taller del maestro Eugenio Recuenco, el reclamo más importante del día agendado para las 10 de la mañana, nos pasamos por la zona de expositores. Allí habían traído muestra de sus últimos equipos la gente de Innovafoto, en representación de las marcas Profoto y Phase One, estaba Canon, también Sony, y Signo Editores, aunque quienes más proactivos se mostraron con nosotros fueron sin duda el equipo de Canon y el de Innovafoto. Y, aunque en ese momento no nos dimos cuenta, poco a poco descubrimos que el lugar era quizá el menos idóneo para posicionar a las marcas: un pasillo a la espalda de la entrada por el que no había necesidad de pasar en ningún momento. Por lo que vimos, esta situación se resolvió por la tarde, impidiendo a la gente salir por la zona de entrada, teniendo ahora si que pasar sin remedio por la zona de expositores. Y este es quizá uno de los puntos que vimos durante todo el tiempo repetirse: la improvisación y los problemas típicos de una primera edición: que si hay una luz iluminando una pared que impide ver correctamente las proyecciones de las charlas, que si la zona del café está demasiado cerca de la zona de las charlas y se juntan sonidos de unos y otros, que si la zona de exposiciones tiene una iluminación que impide apreciar correctamente las obras… Esos pequeños detalles que muestran todavía una fase de aterrizaje y que, sin ser determinantes para el disfrute correcto de las actividades, estamos seguros que la experiencia hará que en siguientes convocatorias queden totalmente subsanados.

Empieza Recuenco con una pequeña revisión a su trabajo mientras que al lado contrario de la amplísima estancia de workshops está ya preparado un set que imita a una habitación antigua, con suelo de madera donde faltan algunos tablones y con un gran ventanal a uno de sus lados. A Eugenio Recuenco parece que le va más trabajar que hablar, pues la charla de bienvenida se la despacha en unos escasos minutos y nos deja con un vídeo sobre su impresionante proyecto 365, en donde recrea escenas con una mezcla de surrealismo y languidez clásica todo con una estética pictórica de los maestros holandeses del barroco, principalmente en el mago de la luz y la textura Johannes Vermeer.

Nos damos la vuelta y Recuenco empieza a explicarnos cómo ilumina, cómo dispara, con qué dispara, por qué dispara así… Básicamente, y en un resumen muy rápido, utilizó dos grandes fresnels de 5000w rebotados contra dos esticos intentando que la luz entrase por la ventana a unos 45º imitando la luz del sol. Después, nos comentó que dispara a baja velocidad de obturación para “capturar el aire” de la escena: eso que pasa en esas centésimas de segundo mientras que el obturador está abierto, y que si disparamos más rápido se pierden. Mientras sigue preparando luces y escena, en el camerino está Lewis Amarante maquillando a la primera modelo.

Recuenco va haciendo fotos continuamente para visualizar lo que le falta o sobra a la imagen, va añadiendo nuevos elementos, en definitiva, su método de trabajo parte de una primera idea para ir dándole forma pausadamente durante todo el tiempo que dura la jornada de trabajo. Antes de entrar la modelo pide un voluntario, sale una asistente y… la mejor foto que podríamos haber hecho en nuestra vida la acaba de hacer Recuenco solo para probar.

El sentimiento de depresión máxima se magnifica cuando hace las primeras tomas con la modelo en escena. Espectacular directamente de cámara. Y aquí empieza el abismo de la creatividad: durante las dos siguientes horas, el artista madrileño se dedica a lo suyo, olvidándose completamente que tiene a más de 100 personas espectantes. Comienzan las micro-correcciones, la búsqueda del detalle, la aparición de ideas… el proceso se hace denso, la interacción situación-audiencia es casi inexistente. Más o menos hemos pasado dos horas viendo lo que sucede y cada vez empieza a pasar menos cosas, o sea que nos bajamos a ver la charla de Manu Brabo.

El cambio de tercio es brutal. Brabo, reputado fotoperiodista especializado en conflictos bélicos, está hablándonos de las miserias de la guerra, y de la cómoda perspectiva occidental de la misma al valorar su trabajo por la estética y no por el contenido. Parece enfadado, nos está echando una buena bronca: la guerra no acaba, y no hacemos nada para ello. Brabo vive en una continua contradicción: gana dinero con algo que detesta que suceda. Nos habla de cómo una guerra deja de “estar de moda” o lo contrario, como llegar a un lugar en conflicto y ver que éste está de actualidad, y tener que competir con decenas de compañeros por vender trabajos. Un extraño mercado en donde imagen, muerte y miseria humana se dan la mano continuamente. Muy duro lo que cuenta Manu Brabo, y muy duro ponerse en sus ojos y no solo en sus fotos. Veníamos del mundo onírico y de cuento de Recuenco y nos encontramos con la sangre y el fuego de Manu Brabo, el contraste fue brutal.

Subimos entonces a ver la segunda foto de Recuenco. Ha cambiado cuatro cositas del set y este parece un lugar completamente distinto. Para los que no estamos acostumbrados a este tipo de montajes, es impactante comprobar la magia que puede conseguirse con un equipo adecuado. La iluminación, eso si, es muy parecida. Por supuesto, esto es así debido a que el trabajo citado, dicho proyecto 365, guarda una homogeneidad estética conseguida, entre otras cosas, por este efecto de luz natural entrando por la ventana. Los siguientes tres cuartos de hora vemos de nuevo el proceso: cambia un poco esto, pon un poco de aquello, mete luz por este lado, no, mejor quítala, a ver eso ha quedado muy chulo, vamos a probar a quitar esta sombra… En esta segunda composición hay una modelo recostada en un lateral de la escena y, presumimos, otra modelo estará de pie en la habitación. Recuenco tiene problemas para iluminar el fondo esta vez, la luz ha de ser mucho más lateral y no llega hasta la pared del final, con lo que queda sin textura alguna, totalmente oscura. Cuando nos vamos, aún seguía buscando que todo cuajase a su gusto: un artista paciente y perfeccionista al que no le importa pasar una larga jornada de trabajo junto a todo su equipo para obtener la foto que desea. En líneas generales, el workshop ha sido una gran experiencia, pero es cierto que la interacción de Eugenio Recuenco con los asistentes se ha visto reducida casi a lo inexistente pasada la primera hora, y que a veces se hacia confuso entender qué sucedía, con tanta gente por medio del set que, simplemente, estaban allí.

El día no acompaña, llueve y hace bastante fresco, por el puesto de comida y el de bebida del exterior, al aire libre, no tienen demasiado éxito. Además, la zona es bastante popular, por lo que cerca existían diversas opciones de restauración: comemos de menú en uno de los bares cercanos, y a seguir.

En la tarde está planificada una clase con el estudio de post producción fotográfica Numerique. En la promo del festival nos hablan del talento de esta gente: trabajan para fotógrafos como Tom Munro, Terry Richardson o Camila Akrans y sus trabajos aparecen regularmente en las principales publicaciones y campañas publicitarias del mundo de la moda y el lujo. Con una buena dosis de expectativas, aumentadas incluso tras firmar un “NDA” para no desvelar el contenido de la clase, asistimos durante una hora completa a un acercamiento básico al programa Capture One. Muy básico. Cómo nombrar archivos, cómo aplicar los ajustes básicos, cómo usar presets, como exportar archivos, incluso cómo hacer backups del trabajo. Una primera hora totalmente prescindible para el usuario medio de cualquier programa de edición fotográfica que nos hace descartar esta clase, quizá equivocadamente puesto que la misma transcurriría durante las siguientes tres horas, y nos vamos a ver la charla de Yhabril.

Este fotógrafo de montaña es un apasionado de lo suyo. Nos habla de los trucos de los riders, de su dificultad, de su técnica… nos habla de lo dura e impredecible que puede ser la montaña, del trabajo de planificación para tomar una fotografía, del atreverse a utilizar equipo diferente para la foto de paisaje… pero su charla se vuelve repetitiva al poco rato, plagada de parones para buscar archivos entre sus carpetas, y pronto parece más una revisión de su porfolio, reiterándonos el valor de su trabajo. Se echa de menos una presentación más trabajada y una organización de la charla al rededor de un motivo. Es interesante conocer la obra de un fotógrafo, pero hasta un punto. A partir del mismo, más vale ir sacando temas de interés para la audiencia más allá del típico “cómo hice esta foto”.

Tras unas ocho horas disfrutando de ponencias, cursos y demás, decidimos tomar rumbo de nuevo a nuestros hogares. El balance de toda la jornada es netamente positivo, pero en el paladar queda un regusto de que aquello podría haber sido mucho más. Hay una gran idea, unas buenas instalaciones, un equipo entusiasta: ahora solo queda pulirlo todo para las siguientes ediciones. Hay margen de mejora, si, pero el evento es sin duda una propuesta de lo más interesante relacionado con la formación fotográfica. ¡Por muchas ediciones más!

Anterior Las mejores fotos de bodas de 2017
Siguiente Las reinas de la noche: fotografiando la Vía Láctea y la Aurora Boreal